Libertad e igualdad

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A menudo pensamos que la libertad y la igualdad son valores que necesitamos hoy en día como algo fundamental.
Si pensamos en la relación que ambos principios mantienen nos suscita pensar de inmediato que son compatibles y van de la mano.
Sin embargo, la libertad y la igualdad son inversamente proporcionales, es decir, si una sube, la otra bajará.
Si nos centramos en aumentar la igualdad entre la población de una nación, buscando que todas las personas sean iguales, aquellos que están por encima de la media serán obligados a ver limitada su libertad para obtener una igualdad entre todas las personas.
Este caso se ve muy claro con el ejemplo del sistema comunista, que buscaba la igualdad radical de la población y limitó su libertad para tratar de conseguirlo.
Por el otro lado, si buscamos incrementar la libertad, entonces habrá mucha menos igualdad porque dentro de la libertad, cada persona desempeñará unas funciones que le otorgarán unos respectivos éxitos o fracasos, por ello habrá mayor brecha de desigualdad.
Un ejemplo claro son las ciudades con la economía radicalmente polarizada en la que la clase media no existe.
Por ello, se debe elegir entre priorizar la igualdad ante todo, la libertad o encontrar un término intermedio.

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