El adiós llega siempre,
pero el adiós nunca se va.
El adiós duerme entre lágrimas
y susurra al oído del pesar.
El adiós está ahí
pero nadie lo quiere mirar,
se esconde entre las alegrías
para luego hundir su puñal.
El adiós te subscribe
a una dosis diaria de recordar.
El adiós duele, anuda el estómago
y abate a la alegría, sí es verdad,
pero el adiós sin duda alguna
es el paso para avanzar,
es el amor que se viste de luto,
el adiós nos permite mirar hacia atrás.




Deja un comentario