Llegó a verme con mala cara;
en sus ojos dormía la ira;
su lengua estaba afilada
escapando de su boca distraída.
Llegó a verme sin rodeos;
con sed de falta de personalidad;
lloraba a su paso el suelo
y gritaba en silencio al andar.
Llegó a verme torpe;
sin ir recto a su final,
perdió los papeles y el norte,
de ella en si es normal.
Llegó sin las manos vacías;
llegó sujetando un arma;
un arma que como su vida,
estaba cadente de balas.
Llegó, y ya había llegado;
pedí su nombre sin fe;
«opinión de la gente» me llamo,
y simplemente la ignoré.



Deja un comentario