Ante la amenaza de gastar lloros,
mi sensibilidad se ha suicidado,
y con sus restos, se ha construido todo
un muro irrompible para el daño.
Pese a ello se cae, como en Berlín,
y mis ganas de vivir se escapan,
y entran desgracias, penas, y un sinfín
de malechores sin techo en mi alma.
Volví a las andadas de la pena.
Si me caigo, me puedo levantar,
sí, pero es que ya el alma me pesa.
¿Y si el túnel no tiene final?,
la luz del fondo ya no me espera,
¿y si solamente es oscuridad?



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