El tiempo cae al suelo sin retorno
como la hoja que huye del otoño
desprendiéndose de su cobijo caduco
bailando junto al viento en su descenso
y sin darse cuenta de que su dueño,
se queda atemorizado y desnudo.
Las hojas que, desprendidas del ramal
alcanzan el suelo de un bulevar,
no volverán a exhibirse en un ramo,
así como el tiempo que, transcurrido,
no volverá jamás a ser mío
porque ya ha sido empleado.
Perderé mis hojas algún día sin dudar
y el otoño de la vida me castigará
por presentarme desnudo a su furor
y dibujará surcos en mi rostro,
porque ni perdona el otoño
ni el tiempo vuelve una vez que aconteció.



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