Maldigo la traicionera prisión de tus ojos
en la que estoy condenado a perderme
y maldigo las bruscas curvas de tu cuerpo
que recorro con mis dedos en mi mente.
Maldita sea tu boca si no me corresponde
y maldita porque a mi boca no se quiere unir.
Maldigo cada mirada tuya que me atraviesa
cuando descubres que estoy mirándote a ti.
Malditas sean tus palabras que me abrigan
y tu silencio que abre una puerta a tu alma.
Maldigo tu tenaz habitación de fantasía
que alberga el sentido de mi vida, tu cama.
Malditas sean las palabras que no te digo
y malditos los versos que decido guardarme
y malditos los besos que nunca existieron
maldito yo, me maldigo por ser cobarde.



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