Te secuestré para llevarte a mis sueños,
te besé la mirada abriendo los ojos,
y me diseñé un hogar en tu pelo,
pero no me miraste.
Recé para poder invocar tu sonrisa
y te puse como destinatario
en la carta en la que envié mi vida,
pero no me miraste.
Pinté mi bandera del color de tus ojos
y puse como himno tu risa tímida,
te lancé la flecha que robé a Cupido,
pero no me miraste.
Hice que mi mundo funcionara
al ritmo que lo hace tu cintura
y coloqué sobre tus manos mi alma,
pero no me miraste.



Deja un comentario